AFTOSIS ORAL RECURRENTE

Aftosis oral recurrente

Aftosis oral recurrente

La aftosis oral recurrente constituye la patología más frecuente de mucosa oral, observándose en un 20-50% de la población general. Es un trastorno de etiología desconocida. Típicamente las úlceras se resuelven solas en el transcurso de 7-10 días, aunque en algunos casos pueden durar semanas o meses, dejando cicatrices tras su curación o incluso volverse lesiones constantes.

Clásicamente la aftosis oral recurrente se ha dividido en 3 formas clínicas; la forma menor, la forma mayor y la forma herpetiforme. Es importante diferenciar este proceso de la aftosis compleja. Ésta consiste en la presencia de más de 3 aftas orales constantes o de aftas orales y genitales en ausencia de enfermedad de Behçet. Existen también determinadas enfermedades sistémicas que cursan con aftosis oral recurrente, y que es importante también descartar, como son la enfermedad de Behçet, el lupus eritematoso sistémico y la enfermedad inflamatoria intestinal.

Forma menor

Es la forma clínica más frecuente, constituyendo el 80% de los casos. Se manifiesta en forma de pequeñas úlceras menores de 1 cm, discretamente dolorosas, autorresolutivas sin dejar cicatriz en el periodo de 7-10 días. La edad de debut suele ser la infancia. Así, aproximadamente un 1% de la población infantil padece aftosis oral recurrente menor, con un debut antes de los 5 años. El porcentaje de pacientes afectos suele disminuir a partir de la tercera década de vida.

Forma mayor

Menos frecuente que las otras dos formas clínicas, se caracteriza por la existencia de úlceras mayores de 1cm, intensamente dolorosas, de bordes irregulares, que pueden confluir. Pueden llegar a tardar en resolverse hasta 6 semanas, muchas veces dejando cicatrices que distorsionan la mucosa. La edad típica de debut suele ser tras la pubertad, y puede persistir a lo largo de la vida, aunque normalmente en la edad adulta tardía los brotes suelen espaciarse en el tiempo.

Forma herpetiforme

Por último, la aftosis oral recurrente herpetiforme constituye el 5-10% de todos los casos. Se caracteriza por decenas o cientos de pequeñas aftas, que pueden no superar ni el milímetro. Suele comenzar rondando la segunda década de la vida, y su frecuencia y severidad aumenta durante la tercera y cuarta década, para luego disminuir en pacientes de edad más avanzada.

Causas

Se han descrito diferentes factores asociados a la aparición de este cuadro, incluyendo factores genéticos, déficit de hierro, ácido fólico, vitamina B6 o B12 (observado hasta en un 20% de los pacientes con aftas orales recurrentes), estrés, ciclos menstruales, factores locales físicos o químicos (fenómeno de koebner) o sensibilización a agentes químicos o aditivos alimentarios, que pueden estimular la aparición de un nuevo brote. Existen numerosos estudios que han intentado probar la asociación de dicho cuadro con infecciones virales, ya sea por virus de herpes simple, virus de varicela-zoster o citomegalovirus, todos ellos fallidos.

Asimismo existen varias enfermedades sistémicas en las que pueden aparecer episodios de aftosis oral recurrente, como son el VIH o la enfermedad de Behçet. Esta última enfermedad se caracteriza por aftas orales recurrentes asociadas a al menos dos de los siguientes hallazgos: aftas genitales, sinovitis, vasculitis pustulosa cutánea, uveítis posterior o meningoencefalitis.

Otros cuadros a descartar ante la aparición de aftas orales recurrentes son la enfermedad celiaca, donde las aftas pueden preceder a la clínica digestiva. Debe sospecharse en pacientes con déficit de ácido fólico y anticuerpos específicos positivos. También están el lupus eritematoso sistémico,  la enfermedad inflamatoria intestinal o la neutropenia secundaria a inmunosupresión o a tratamiento quimioterápico.

AFTAS ORALES

Estudio

En primer lugar se debe consultar con un dermatólogo. Éste le recomendará realizar, como estudio de extensión, una analítica completa con velocidad de sedimentación, hierro, ferritina, folato y vitaminas B6 y B12. El diagnóstico diferencial debe realizarse también con cuadros virales. Algunos ejemplos son la enfermedad de boca-mano-pie o la gingivoestomatitis herpética, traumatismos dentales, liquen plano oral, eritema exudativo multiforme o procesos neoplásicos. Estos últimos son muy poco frecuentes en la edad pediátrica.

Tratamiento

El tratamiento está enfocado a disminuir los síntomas, ya que es un cuadro autorresolutivo en el plazo de una o varias semanas. Pueden emplearse corticoides tópicos o enjuagues antimicrobianos como la clorhexidina para evitar sobreinfecciones. También pueden utilizarse anestésicos locales como la lidocaína viscosa para paliar el dolor durante la ingesta, o geles con ácido hialurónico para favorecer la cicatrización. 

En los casos severos se ha descrito mejoría clínica con fármacos como la colchicina, la prednisona oral, la azatioprina, el cromoglicato disódico o la talidomida, este último en los casos asociados a VIH. Los casos asociados a déficits vitamínicos o de ácido fólico o hierro pueden mejorar con suplementos, y en un estudio realizado en adolescentes se observó una disminución en la incidencia y el dolor de las lesiones con suplementos de ácido ascórbico a dosis de 2000mg/día. Como medidas generales también se recomienda evitar la ingesta de alimentos duros que puedan exacerbar o favorecer la aparición de nuevas úlceras, así como de alimentos picantes o salados, nueces, piña o canela.

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