Dermatología Clínica

Dermatología Clínica

La dermatología clínica es una especialidad de la medicina que se ocupa del conocimiento y estudio de la piel humana y de las enfermedades que la afectan. Esta especialidad también se preocupa de la prevención de las enfermedades y de la preservación o la recuperación de la normalidad cutánea así como de la dermocosmética que se dedica a la higiene, a la apariencia y protección de la piel.

A nivel clínico disponemos de medios habituales como la crioterapia o la electrocoagulación, así como de la última tecnología en fototerapia UVB de banda estrecha para el tratamiento de diversas enfermedades cutáneas tales como la psoriasis, la dermatitis atópica o el vitíligo.

Podemos dividir el campo de la dermatología en tres grandes grupos; infecciosa, inflamatoria y tumoral.

Patología dermatológica infecciosa

Dentro de este tipo de patología, podemos encontrar aquella causada por virus, por bacterias o por hongos:

Infecciones víricas

Pueden afectar local y primariamente a la piel, como por ejemplo el virus de herpe simple, el virus de papiloma humano (VPH), el molluscum contagioso, o a través de una infección sistémica o interna pueden producirse manifestaciones en la piel de forma secundaria, como ocurre con los exantemas virales (varicela, parvovirus, etc.).

Infecciones bacterianas

A grandes rasgos, se clasifican en función de la profundidad de infección en la piel. Podríamos nombrar como infecciones más superficiales el impétigo (ampolloso o no ampolloso) o la foliculitis. Si profundizamos un poco más, nos encontraremos con cuadros como el ectima o los forúnculos, entre otros. Por último, en un plano más profundo hablaríamos ya de celulitis. Las bacterias que con mayor frecuencia producen infecciones cutáneas son el estafilococo aureus y el estreptococo, aunque podemos encontrar muchos otros tipos.

Infecciones por hongos

También llamadas infecciones fúngicas. Según la localización donde se produzca la infección, encontraremos un tipo de hongo u otro. De este modo, en zonas de mucosas, como pueda ser la oral o genital, lo más frecuente es el sobrecrecimiento de cándida. Otras zonas anatómicas donde con frecuencia pueden crecer hongos es en uñas y en ciertos pliegues cutáneos, favorecido por el ambiente de calor y humedad presentes en esas zonas (ingles, axilas, pliegues submamarios, interdigital). Por último hay una forma específica de hongo muy prevalente cuya aparición de se favorecida por el exceso de calor y humedad, y que provoca la conocida pitiriasis versicólor.

Patología dermatológica inflamatoria

Este tipo de patología es el campo más amplio dentro de la dermatología. Si intentamos simplificar lo máximo posible, podríamos establecer los siguientes grupos:

Enfermedades cutáneas eritemato-descamativas

Son aquellas que producen lesiones rosadas o enrojecidas y con descamación. Lás más típicas serían las dermatitis con todas sus variantes (atópica, soborreica, irritativa, alérgica, etc.), la psoriasis, y, otra quizá menos conocida, que es el grupo de las pitiriasis (excluyendo la pitiriasis versicólor que, como hemos comentado antes, se trata de una patología producida por un hongo).

Enfermedades ampollosas autoinmunes

Las enfermedades ampollosas autoinmunes son enfermedades que se producen debido a anticuerpos contra proteínas propias de la piel. Es decir, el sistema inmunológico del paciente identifica ciertas sustancias normales de la piel como extrañas, fabricando anticuerpos que las atacan.

Para entenderlo mejor, debemos conocer primero las dos capas más superficiales de la piel:

  • La epidermis, arriba, constituida por diversos estratos de células.
  • La dermis, abajo, formada por una gruesa y resistente red de fibras de colágeno, que sirven de soporte físico.

Entre las dos existe una capa muy fina, denominada membrana basal, que mantiene la adherencia de la epidermis con la dermis. Todas estas capas son imprescindibles para una correcta función de la piel, que es la de ejercer de barrera frente a la entrada de microorganismos, evitar la pérdida de agua y otros componentes del organismo, así como mantener la temperatura normal del cuerpo.

En las enfermedades ampollosas autoinmunes, los anticuerpos que los pacientes desarrollan atacan y destruyen diversas proteínas de la epidermis y de la membrana basal, causando una pérdida de la cohesión de las capas de la piel y el desarrollo de ampollas, erosiones y úlceras. 

Estas enfermedades, pueden no solo afectar a la piel, sino también a las membranas mucosas (boca, ojos, genitales, cavidades nasales, faringe, laringe, esófago).

El diagnóstico de estas patologías se establece a través de biopsia de piel y a partir del  análisis de sangre, pruebas que nos ayudarán a detectar la presencia de estos anticuerpos. El tratamiento de estos enfermos consiste habitualmente en glucocorticoides y otros agentes inmunosupresores, fármacos que precisan de un control médico muy estricto.

Entre los múltiples tipos de enfermedades ampollosas autoinmunes destacan los pénfigos, penfigoides, dermatosis IgA lineal, epidermolisis ampollosa adquirida y la dermatitis herpetiforme.

Manifestaciones cutáneas en el contexto de enfermedades autoinmunes

Existen determinadas enfermedades sistémicas autoinmunes que afectan predominantemente a órganos internos tales como las articulaciones, los riñones, los pulmones, el corazón, etc. Con frecuencia estas enfermedades producen manifestaciones cutáneas que pueden orientarnos o pueden ser la guía o pista para llegar al diagnóstico de la enfermedad.

Hablamos de enfermedades como el lupus eritematoso, la dermatomiositis o la esclerosis sistémicas entre otras.

Trastornos en la pigmentación

Se define como un cambio en la coloración de la piel, ya sea por exceso (hiperpigmentación) o por defecto (hipopigmentación o acromía). Los trastornos cutáneos más comunes relacionados con la hiperpigmentación son el melasma y la hiperpigmentación postinflamatoria.

 

Cuando hablamos de trastornos cutáneos por déficit de pigmentación, el primero que nos viene a la cabeza es el vitíligo, aunque no toda lesión hipopigmentada o acrómica va a serlo. Existen otros trastornos como la pitiriasis alba, la hipopigmentación postinflamatoria o la hipomelanosis guttata idiopática o la hipomelanosis macular progresiva.

Urticaria

La urticaria viene definida por ronchas rojizas denominadas ‘habones’, que tienden a producir una sensación de picor intenso. Su principal característica es que la lesión individual dura menos de 24 horas. La gran mayoría de las veces no se encuentra el factor desencadenante, pero en los casos en los que se encuentra la causa, ésta suele ser alérgica o postinfecciosa.

Existe una forma específica de urticaria denominada urticaria física, causada por agentes físicos como el calor, el frío, el ejercicio físico o la presión.

Aunque no tratemos específicamente las lesiones de urticaria, éstas tienden a desaparecer espontáneamente a lo largo de las horas, sobre todo si eliminamos el factor desencadenante. En cualquier caso, dado que la respuesta a antihistamínicos suele ser altamente eficaz, tendemos a utilizarlos para mejorar la sintomatología más rápidamente.

Acné

El acné es una enfermedad común de la piel que provoca espinillas (granos). Existen 4 factores fundamentales en el origen del acné:

1. El exceso de producción de sebo (a su vez relacionado con factores genéticos y/u hormonales).

2. Oclusión de los folículos con sebo.

3. La colonización de folículos por Cutibacterium acnes (un anaerobio normal en el ser humano).

4. La liberación de múltiples mediadores inflamatorios.

Podemos clasificar el acné en 2 formas fundamentales: 

1. No inflamatorio: Se caracteriza por comedones abiertos (los denominados puntos negros) y cerrados.

2. Inflamatorio: se caracteriza por pápulas, pústulas, nódulos y quistes

La localización más frecuente de las lesiones de acné es en el rostro, el cuello, la espalda, el pecho y los hombros. Cualquier persona puede tener acné, pero es más común en adolescentes y adultos jóvenes. No es grave, pero puede dejar cicatrices.

Existen muchos mitos acerca de las causas del acné. Uno de los más discutidos, es si existen determinados alimentos favorecedores o exacerbantes del acné. Con frecuencia se culpa al chocolate y las comidas con alto índice glucídico y grasas, pero en la mayoría de los casos hay pocas evidencias de que la comida tenga algún efecto sobre el acné. Otra creencia común es que la piel sucia puede favorecer el acné; sin embargo, los puntos negros y las espinillas no son producto de la suciedad. El estrés no produce acné, pero puede empeorarlo.

Rosácea

La rosácea es una enfermedad crónica que afecta la piel y algunas veces los ojos. Es más común entre las mujeres y las personas de piel clara. Suele afectar a adultos de edad mediana y avanzada.

Existen 2 componentes fundamentales en la rosácea:

1. Componente vascular: Se basa en la existencia de cuperosis (áreas enrojecidas de forma permanente, a expensas de dilatación de los vasos más superficiales de la piel) y flushing facial (episodios transitorios de enrojecimiento, sobre todo relacionados con cambios bruscos de temperatura, por ejemplo el paso de un ambiente frío a un ambiente muy cálido, con determinados alimentos, sobre todo picantes, o con la ingesta de alcohol). Las áreas más frecuentemente afectas suelen ser mejillas y dorso nasal.

2. Componente inflamatorio: Aparición de lesiones inflamatorias similares a las que acontecen en el acné, con pápulas, pústulas o quistes. El principal factor diferenciador con el acné es que en la rosácea nunca van a aparecer comedones. 

A lo largo de los años, la presencia de rosácea puede llegar a desarrollar aumento de tejidos blandos, sobre todo a nivel nasal (rinofima). Muchas personas con rosácea también presentan síntomas en los ojos, como enrojecimiento, sequedad y escozor. 

Según nos encontremos con síntomas predominantemente vasculares o inflamatorios, enfocaremos el tratamiento de una forma u otra. Así en tratamiento de elección en la rosácea vascular es el IPL o láseres vasculares, mientras que el componente inflamatorio tiende a responder adecuadamente a tratamiento médico, ya sea tópico u oral según la intensidad de las lesiones.

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