La limpieza cutánea, el alfa del cuidado de la piel

La limpieza cutánea, el alfa del cuidado de la piel

¿Qué es la limpieza cutánea?

Junto con la foto-protección, podríamos decir que la limpieza cutánea es el alfa del correcto cuidado de la piel. Los dermatólogos y los cosmetólogos llevamos mucho tiempo insistiendo en ello y por fin parece, que el mensaje ha calado.

Ya casi todo el mundo entiende y practica a diario este primer paso imprescindible para mantener el equilibrio de nuestra función barrera. ¿¡Cómo!? ¿¡Que aún no sabes qué es esto de la función barrera!?

¿Qué entendemos por función barrera?

De forma muy resumida podríamos definirla como el conjunto de mecanismos naturales que la piel pone en marcha para mantenerse correctamente hidratada, controlar la temperatura corporal y protegerse de las agresiones externas (radiación solar, contaminación, cambios bruscos de temperatura, etc.).

Si la función barrera trabaja de forma autónoma y cumple con las tareas que “le han sido asignadas” tendremos una piel fuerte y autosuficiente, capaz de protegernos y defenderse de los radicales libres, responsables del envejecimiento cutáneo prematuro. ¡Vamos, una piel digna de un superhéroe!

Pero ¿qué ocurre cuando la función barrera está alterada? Que todo lo que tendría que funcionar solo, empieza a fallar y la piel deja de retener el agua que necesita para mantenerse hidratada. A eso se le llama fuga transepidérmica y cuando los niveles de humedad en la capa córnea (la más superficial) descienden por debajo del 8-10% de la composición de nuestra piel, ésta pierde su elasticidad, densidad y capacidad de recuperación al plegarse. Se arruga y agrieta.

Como puedes imaginar, este es el caldo de cultivo perfecto para que se produzca un envejecimiento cutáneo prematuro. No solo por la pérdida de esas cualidades que definen una piel joven, sino porque ésta pasa a estar mucho más expuesta. ¿A qué? A todo lo que está ahí fuera.

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Estas son las reacciones en cadena que pueden producirse sin una correcta rutina de limpieza cutánea diaria

Y ¿Qué hay de los radicales libres?

Entre todas las agresiones externas, la radiación solar y los radicales libres se llevan la palma. Estos últimos actúan como un grupo de pandilleros a los que les gusta estampar su firma en nuestra piel como si se tratara de un grafiti. Porque los radicales libres producen lo que llamamos daño oxidativo.

Un ejemplo muy gráfico de su mecanismo de acción es el de la manzana que partimos por la mitad y exponemos al aire libre. En pocos minutos la fruta del Pecado Original empieza a ennegrecerse, ¿verdad? Pues a nuestra piel le ocurre más o menos lo mismo, se oxida. Cuanto peor sea el estado de nuestra función barrera… ¡Venga! Atrévete a terminar la frase… Efectivamente, una piel que no se puede defender de las agresiones externas, no está preparada para la vida moderna.

Entra en acción la enemiga pública número uno, la grasa.

Cuando limpiamos la piel a diario mañana y noche logramos descongestionarla. Eliminamos los restos sebáceos que todos drenamos a través de los conductos sebo-pilosos y que suelen acumularse a nivel de poro. Eso evita el riesgo de seborrea (exceso de grasa) y por lo tanto nos libra de su efecto oclusivo y/o irritativo.

No es que la grasa sea mala. No, es que debemos tenerla en la proporción justa. Cuando así es, el sebo impermeabiliza nuestra piel y le aporta el grado de acidez que necesita. También nos permite regular nuestra temperatura corporal y participa de los mecanismos de foto-protección endógenos. Entonces ¿dónde está el problema de la grasa? Está en el exceso, ¡claro!

Por muy paradójico que te parezca, el exceso de grasa, suele estar detrás de muchos casos de pieles deshidratadas, que no secas. ¿Cómo puede ser? Dirás… Porque la sobreproducción de grasa altera la textura y el tamaño del poro, puede producir lesiones retencionales o irritación y todo ello nos lleva de vuelta a la alteración de la función barrera.

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He aquí cuatro ejemplos de distintas áreas faciales con daño textural derivado del exceso de grasa

Prometemos ahondar en todo ello en futuros artículos, porque el tema es realmente largo y complejo. Pero centrándonos ahora en la limpieza cutánea, resta decir que éste no es el único recurso que tenemos para restaurar una función barrera alterada, pero sí es imprescindible para mantener su buen estado.

¿Cómo entender las necesidades de tu piel?

En realidad, la piel nos pide poco. No es necesario llevar a cabo rutinas coreanas de diez mil pasos ni comprar cosméticos carísimos. Solo debemos observarla, porque suele darnos muchas pistas de su estado y salud. La constancia y el conocimiento son el mejor tratamiento que puedes seguir.

La constancia porque no hay salud ni belleza sin hábito. Nadie sube el Everest sin entrenamiento diario, ¿no? Pues con la piel ocurre lo mismo. Y hablamos de conocimiento porque, previo a cualquier pauta de tratamiento, debe haber un correcto diagnóstico. ¿De quién? Del dermatólogo, ¡claro! O acaso acudirías al fontanero para que te hiciera una endodoncia o al zapatero para que te cortara el pelo.

Confiar tu piel al dermatólogo, al tuyo, al que merezca tu confianza y te lo explique todo alto y claro. Sin duda es la mejor inversión en salud y belleza que puedes hacer.

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