El milagro de la renovación celular

El milagro de la renovación celular 

Imagino que sabes que las serpientes mudan su piel cada cierto tiempo. La verdad es que es un espectáculo digno de ver. Las veces que he ido al reptilario del Zoo con mis hijos me he quedado pasmada viendo como el ofidio de turno se desprende de su piel como Rita Hayworth de su famoso guante.

Referencias cinematográficas a parte, te diré que el milagro de la renovación celular no es, ni mucho menos, patrimonio exclusivo de los reptiles. Tú mism@ mudas tu piel de forma constante y silenciosa. Efectivamente, nuestra muda es mucho más sutil que la de la Boa o la Pitón, pero no menos eficiente ni masiva. Al fin y al cabo, nuestra piel está formada por billones de células que están en <<modo recambio non stop>>.

¿Sigues siendo tú a pesar de tus células?

Las células cutáneas, como todas las demás, tienen un ciclo de vida. Nacen, sirven y mueren. Y digo sirven porque todas ellas tienen un cometido. Una vez cumplida la misión, se despiden al estilo Terminator con un <<Sayonara baby>> y sin mirar atrás. Parece pertinente cuestionarse si la fugacidad de las células, nos convierte, en cierto modo, en seres inconsistentes. ¿¡Está nuestra identidad comprometida!? Aunque desde el punto de vista filosófico la pregunta pueda proceder, parece que desde la perspectiva biológica, no tanto.

 

Y es que las células muertas, son siempre remplazadas por otras absolutamente idénticas. Quito una, pongo otra. Pero es que, además, el remplazo se produce al estilo de la <<mona Chita>>. Sí, dando brincos por la selva y agarrándose a lo que encuentra por el camino con tal de avanzar. La muy pilla no suelta una liana, hasta haber cogido bien la siguiente y así se evita un buen trastazo. Pues bien, tus células, las mías y las de tu primo o vecino, actúan igual. Hasta que la nueva célula no está lista para entrar al terreno de juego, la vieja no se despide del público en las gradas.

La capa basal, la cuna de la civilización para los queratinocitos

Los queratinocitos son el componente básico de la epidermis. Son las células más abundantes en la capa exterior de la piel, representando el 80% de su composición. ¡Ahí es nada! Pero es que además de abundantes, los queratinocitos tienen alma nómada. Por eso, desde que nacen en la capa basal (la más profunda de las cuatro que conforman la epidermis) hasta que alcanzan el estrato córneo, pasan su vida de migración.

Los queratinocitos están compuestos principalmente de queratina que es la proteína estructural de la epidermis, capaz de impermeabilizar y proteger la piel y favorecer su elasticidad. Fíjate si es importante el buen funcionamiento de los queratinocitos o las células migratorias que digo yo.

Durante su corta vida, estas aventureras transitan hacia la superficie cutánea, cambiando su morfología para adaptarse a las características de los estratos intermedios de la epidermis. Así es como, poco a poco, van aplanándose para terminar desprendiéndose en forma de célula muerta.

La tasa de renovación celular

La tasa de proliferación de los queratinocitos suele ser de unos 28 días de media. Y digo de media porque la velocidad del proceso varía a lo largo de la vida. Si tienes hijos, seguro que has reparado en lo rápido que cicatrizan cuando se hacen una herida. ¡Es alucinante! Y es que, aunque nos empeñamos en ver a los más peques de la casa como seres inmaduros, ya querríamos ser la mitad de eficientes biológicamente que ellos. Su piel, se repara mucho más rápido porque su producción basal de queratinocitos, colágeno y elastina es muy superior a la nuestra.

Además, los niños están sujetos a un crecimiento acelerado que también promueve, como ocurría con las serpientes, una mayor tasa de renovación celular. Si te fijas, durante la infancia casi todo funciona más rápido que en la adultez. Es así, tanto en el desarrollo físico como en el cognitivo. Desgraciadamente, con la edad los ritmos van decelerando y nos volvemos menos eficientes.

En el caso concreto de la renovación celular, debemos tener muy presente el impacto que tiene el exposoma en la velocidad del proceso. No podemos olvidar que la epidermis constituye una barrera protectora frente al mundo exterior y que la renovación constante de este tejido es el mecanismo que garantiza su funcionalidad.

Agresiones ambientales como la contaminación o la exposición solar, son potencialmente dañinos para la piel, que debe luchar para mantener la homeostasis epidérmica. ¿¡Cómo!? ¿¡Homeos… qué!? Se trata de la capacidad del organismo para mantener su estabilidad e integridad a pesar de los agentes agresores externos. ¡Vamos! ¡High technology! Pero no te confundas, el hecho de estar tan bien diseñados, no nos convierte en seres infalibles. El organismo trata de autorregularse, pero si la agresión externa se mantiene en el tiempo, acaba haciendo mella sí o sí.

¿Cómo contribuir a la renovación celular?

La renovación celular es un proceso casi imperceptible. Esto sí nos diferencia de las serpientes, ¿¡ves!? Mientras los reptiles mudan una piel blanquinosa, nuestras células trabajan en silencio. Sin darnos cuenta, la piel está en un ciclo imparable de renovación que se ve acelerado durante la noche. Piénsalo, tiene todo el sentido del mundo. Por la noche, es cuando el cuerpo destina más recursos a los procesos regeneración de los tejidos. Esto incluye la reparación celular, el aumento de la producción de colágeno y la eliminación de toxinas, entre otros. He ahí la importancia de dormir esas ocho horas tan recomendadas como difíciles de completar.

Bueno, ya sabemos que dormir y descansar (que no siempre van de la mano) ayuda en el proceso de renovación celular. Pero ¿¡Qué más podemos hacer para ayudar!? Pues, exponernos poco al sol, controlar nuestros niveles de estrés, comer de forma saludable y evitar en general todo lo que produzca estrés oxidativo. Además, podemos apoyarnos en la cosmética y en los procedimientos médico estéticos para ayudar o, directamente acelerar, la tasa de recambio celular.

– La exfoliación con micro partículas físicas de mayor o menor grosor. Esta técnica se basa en el arrastre mecánico y se realiza por medio de un masaje circular.

– Los peelings químicos, por ejemplo, producen una exfoliación más o menos profunda de la piel que, además de embellecerla, estimula su regeneración.

– Las terapias de luz como el láser CO2 fraccionado que, sobre todo en su modo ablativo, produce un daño controlado que motiva la reparación cutánea por medio de la renovación celular.

– El retinol tópico, los alfa-hidroxiácidos y la vitamina C son tres principios activos de lo más deseables si pretendes darle un empujón a la renovación de tu piel. Recuerda que, con la edad, el proceso tiende a ralentizarse. Por eso a partir de los 25-30 años, la incorporación de estos productos resulta tan interesante y provechosa.

Cómo ves, las cuatro propuestas que te presento se basan en algo tan sencillo como la exfoliación. Al fin y al cabo, la eliminación intencionada de los queratinocitos en las últimas etapas de su migración, suponer un estímulo para la generación de células nuevas. Si sientes que tu piel ya va a en modo <<slow motion>> confía en nosotros para reiniciarla y darle caña a tus queratinocitos.

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