Uña encarnada

Uña encarnada

La uña encarnada constituye una de las patologías más frecuentes de las uñas de pies. Se trata de una patología benigna cuya principal sintomatología es el dolor y su pico de incidencia máximo se produce durante la adolescencia. Debe controlarse de manera estricta en pacientes de alto riesgo como diabéticos o con insuficiencia arterial por el riesgo de complicaciones. En casos incipientes se puede intentar, como primera opción terapéutica, medidas conservadoras en forma de baños de sal y colocando torundas de algodón entre la superficie cutánea y la uña. En estadíos más avanzados, es preferible la cirugía.

¿Qué es la uña encarnada?

La aparición de esta patología viene determinada por un crecimiento anómalo de la uña, que crece de manera inapropiada hace la piel periungueal, actuando como un cuerpo extraño y causando una respuesta inflamatoria a ese nivel.

Dividimos la patología de la uña encarnada en 3 grandes grupos:

  1. Eritema, edema e hipersensibilidad focal.
  2. Costras y material exudativo a la presión.
  3. Signos de inflamación crónica y formación de tejido de granulación en región periungueal afecta (el más grave).

Dentro de la patología ungueal, la uña encarnada constituye el problema más frecuente. Las uñas de los pies se afectan con mayor frecuencia que las de las manos, más concretamente la cara lateral de la primera uña del pie.

Aparece con mayor frecuencia en hombres que en mujeres, en una proporción de 3:1, sobre todo durante el periodo de la adolescencia, en parte favorecido por el tipo de calzado y por el exceso de sudoración. 

También se han descrito casos congénitos y otros asociados a la vejez debido al endurecimiento de la tabla ungueal y a la dificultad para cortarla.

¿Por qué se produce?

Destacan como posibles factores implicados en la etiopatogenia de la uña encarnada los traumatismos, el empleo de un calzado inadecuado, un mal corte de la uña (demasiado curvo en vez de rectilíneo), la hiperhidrosis, la falta de higiene, factores hereditarios (predisposición genética al crecimiento curvilíneo de la uña), patología ósea subyacente que produce un crecimiento anómalo de la uña, la obesidad o fármacos como el indinavir, un antirretroviral empleado en  el manejo de VIH.

UÑA ENCARNADA

¿Cuáles son las fases de la enfermedad?

Podemos dividir la patología de la uña encarnada en 3 grandes etapas:

  1. En primer lugar, la más leve, en la que se produce exclusivamente ligero edema, eritema e hipersensibilidad focal a la presión.
  2. Tendríamos una segunda etapa, con formación de costras y material exudativo, ya intensamente dolorosa.
  3. Ya por último, la más severa, nos encontraríamos ante una etapa con signos de inflamación crónica y formación de tejido de granulación.
uña encarnada

Tratamiento

El tratamiento viene determinado por la severidad del cuadro. Aquellos pacientes con una uña encarnada en estadio 1 pueden intentar manejarse con medidas conservadoras. Debe recomendarse el empleo de un calzado cómodo, ancho o abierto por la zona de los dedos (sandalias) y un adecuado corte de la uña, recto en vez de curvo a la altura de las caras laterales.

Ante un estadio 2 se aconseja reblandecer la tabla ungueal mediante baños de agua tibia, e intentar levantar la cara lateral afecta de la tabla ungueal, para la colocación de una torunda de algodón entre tabla y lecho ungueal, que evite la incrustación de la uña. Igualmente, se aconseja durante el reposo, mantener el pie en alto.

Normalmente el estadio 3 requiere ya tratamiento quirúrgico, mediante la avulsión de la cara lateral afecta de la tabla ungueal y matricectomía, ya sea química mediante fenol al 80-88%(más eficaz aunque aumenta el riesgo de sobreinfección secundaria) o hidróxido de sodio al 10%, o con bisturí eléctrico, previa anestesia troncular con lidocaína del dedo afecto. La tasa de recidiva tras tratamiento  en niños ronda el 12-37%

Posibles complicaciones

Las complicaciones de la uña encarnada son escasas, pero debemos destacar el riesgo de infección secundaria, ya sea en forma de paroniquia (en niños de aproximadamente un 8%), celulitis, osteomielitis (entre un 1-2%) o infección sistémica, más elevado en pacientes con diabetes o isquemia arterial asociada. Si se sospecha, debe realizarse una  prueba de imagen de la zona (radiografía, ecografía), y administrar un antibiótico apropiado, con cobertura para Staphylococcus aureus y pseudomonas. El empleo de antibióticos orales profilácticos, ya sea previo o tras el tratamiento quirúrgico no disminuyen el riesgo de infección o recidiva, y por tanto, no están indicados.

Post a comment

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur
adipisicing elit, sed do eiusmod

Abrir chat